miércoles, 20 de junio de 2007

Apología de la ambigüedad

No disparen contra la ya desperdigada imprecisión de la existencia. Me irritan los irrisorios, irreverentes, irremisibles ismos. ¿Qué cobarde inseguridad los ha de gestar? La realidad deviene ontológicamente ambigua y la ambigüedad, evidentemente, nunca ista es. La tiranía del concepto se obstina en violentar la rebeldía de un desorden extraordinario. ¿Por qué no dejarlo simplemente ser, fascinantemente contradictorio?
No se salvan estas escuetas líneas siquiera del inexorable absurdo existencial: el rotundo rechazo de las categorías, categoriza, a su vez, a nuestra realidad como esencialmente incategorizable. Llamémosle ambigüismo, entonces.

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