domingo, 17 de junio de 2007

Acerca de la intemporalidad de la idea del eterno retorno

He aquí un intento de mostrar fragmentos, repeticiones, de la sempiterna reflexión acerca de la eternidad. Un poco por azar (leáse ignorancia cibernética) y otro poco por convicción, decidí no someter las ideas aquí presentes a la arbitrariedad del orden cronológico…¿para qué violentar la inexorabilidad del eterno retorno? No sería preciso (si bien incesantemente se nos fuerza a entenderlo de tal manera) afirmar que los planteos de Anaxágoras precedieron a los de Borges; tampoco que el círculo vicioso de Nietzche haya sido la base para tantos otros pensadores, cuya ubicación cronológica posterior responde tan sólo a lo antojadizo de la historia. Defender la linealidad histórica nos acercaría hasta la náusea al pretendido evolucionismo darwiniano. Prefiero, entonces, considerar el tiempo en su infinitud, las ideas en su universalidad. El hombre individual reducido a la función de mero secretario de la idea universal, intemporal. En definitiva, tal como se ocupó Nietzche de hacernos concientes, la vida pasa a través de los individuos, los toma en un momento para abandonarlos más tarde. Todos somos desgajamientos del fluir vital. La subjetividad humana tan ponderada por nuestra era (y por tantas otras, antes, después…si es que puedo seguir valiéndome de semejantes imprecisiones) es el mayor engaño concebible en vistas de preservar la apolínea tranquilidad concedida por el límite, por la separación nítida entre lo que soy yo y lo que sos vos. Aceptar que esta vida es esencialmente caótica, informe, desmesurada, dionisíaca, es asumir la irremediable finitud de nuestra existencia. La vida es un todo infinito; cada uno de nosotros, un efímero sirviente caminando hacia la muerte. Un camino que no nos cansaremos de recorrer, una, diez, mil, infinitas veces. Insondablemente poético, Borges nos (y se, a un tiempo) anticipa: “De nuevo nacerás de un vientre, de nuevo crecerá tu esqueleto, de nuevo arribará esta misma página a tus manos iguales, de nuevo cursarás todas las horas hasta la de tu muerte increíble”

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